miércoles, 25 de abril de 2012

“DE MADRID A LA… META!!!”, de Ignacio Villar


      6:15 de la mañana, suena el despertador. ¿Donde estoy?. ¡Ah¡, ya recuerdo. Madrid, 22 de Abril. Hoy es el gran día.

      Sigiloso para no despertarla, me pongo el "uniforme", pero mi torpeza habitual me hace parecer un elefante en una cacharrería....no, Juan Carlos, no, ¡¡baja el rifle!!.

      Es la hora del desayuno. Decenas de caras, todos con la camiseta para luchar y vencer. Rostros tensos. Si, lo hacemos por diversión, pero nadie quiere fallar. Todos queremos llegar, y en cada bocado nos vas la gasolina para la carrera.Veo al keniata, ¡¡comiendo huevos revueltos¡¡¡, ¿como puede hacerlo?....ganó, tomo nota.

      Zumo, tostadas, té....bueno, un poco de chocolate no viene mal, un brownie...venga, dos.

      Subo de vuelta a la habitación. Es el momento del recuento. Camiseta para las grandes ocasiones. Bambos, cremas, mp3 cargado, gafas de sol, gel de frutas, creo que lo llevo todo. No, vuelve atrás, no te vayas sin el móvil, por si ella te tiene que ir a buscar a mitad de carrera.

      Me subo al autobús que me lleva a la salida. Ahora no hay vuelta atrás, pero nunca la hubo, nunca hubo dudas, es lo que estaba deseando hacer desde hace meses. Gracias Enrique por meterme el gusanillo de las carreras.

      Plaza de Colón...como diría el abuelo...¡¡¡que mano gente¡¡¡...directo al mástil con la bandera española (¿no era tricolor?), allí veré a los compañeros de batalla, Ricardo y Marcos. La edad es importante. Les veo nerviosos. Yo no..¿debería estarlo?. ¡Debería estarlo¡.

      Preparación final, vamos, ultima visita al aseo, y van...

      Trotecillo para calentar, pero, ya habrá tiempo de empezar. ¿Donde estás Marcos?. Hemos perdido a uno.

      Entramos en nuestro carril, Jose Antonio mas tranquilo que unas pascuas. "Me conformo con hacerla en 4 horas". Ahí está un tío que no se altera.

      Suena el disparo de salida. Tras meses de palizas, ahí estamos. Me quedan más de tres horas corriendo.

      Ricardo me lleva, está fuerte, muy fuerte, me marca el camino, vamos, que si bajáramos un poco el ritmo, bueno, no, mejor así, hasta que pueda.

      El que diseñó el perfil debe haberse inspirado en una etapa del Tour por que esto es un sube y baja sin fin. No son duras las cuestas, pero tanto subir y bajar. Mira tu, uno con tres camisetas....¡¡¡anda, se ha quitado la técnica, y la ha tirado al suelo¡¡¡¡....pa´matarlo.

      Pasando por el kilómetro 12 los oigo, ella, y mis dos amigos, ¡¡Nacho, Nacho!!...voy bien, feliz les sonrío y levanto la mano. Que lujo correr por el centro de Madrid. "Vamos genial", dice Ricardo...si, lo vamos, tú al menos, a mi me sobran 15 segundos por kilómetro, pero aguanto.

      Tras varios sube y baja, salimos a la Gran Vía, Callao, Preciados, Sol, C/Mayor y Palacio Real. Dos kilómetros para recordar. Los pelos de punta. Ambientazo tremendo, notas el calor del apoyo de la gente, te sientes una estrella, parece que corres solo, que vas a ganar, todo el mundo te apoya. Y ya estamos en el 20.

      Bajamos. "Al final de esta calle te voy a enseñar el sitio donde mejor se come en Madrid", me cuenta Ricardo. Vamos, que si tengo que comer algo ahora, lo vomito.

      Al fondo la entrada en la Casa de Campo, kilómetro 25. Otra vez ella está ahí. No lo sabe, pero verla, y ver a mis amigos, me ha dado las fuerzas para continuar por que he entrado en la crisis sicológica de "no se si podré".

      Puedo y podré.

      Km 28, Ricardo sigue fresco como una lechuga. De algo me deben servir las dos neuronas del cerebro. Ya lo dijo la cantante, "yo te dejé marchar". Me amoldo a un ritmo más cómodo, queda mucho por delante. Aun sufriendo, disfruto de correr por zona arbolada.

      Salimos de la Casa de Campo, y veo a lo lejos la marca del 32. Recuerdo por el perfil que a partir de aquí empieza la subida hasta meta. Ya lo sé, no es el Tourmalet, pero entre el calor que llevo, los kilómetros en las piernas, ahora me faltaba esto.

      Y por tercera vez, allí estaba ella. Omnipresente en todo el reto. Antes, durante y después.

      Antes, apoyando mi reto de correr la maratón, pero con los dos dedos de frente que a mí me faltan, ¡¡come, descansa, no hagas locuras¡¡.

      Empieza la cuesta del 33, ¡¡uf, uf¡¡, que duro, ¿me paro un poco?. No, hasta el final, puedo conseguirlo.

      El recuerdo de su ánimo me lleva en volandas. Luego me lo dijo, ¡¡¡que mala cara tenías en el 32¡¡¡. Cierto, lo pasé muy mal. Pero saber que confiaba en mi, que ella y mis amigos confiaban en mí, me dió la dósis extra de fuerzas que ya no me quedaban.

      34,36, 38...y noto el dolor en la rodilla izquierda, y ¡¡¡como duele¡¡¡. ¿Paro?. Si lo hago, seguro que no podré volver a echar a correr. Si no lo hago, a lo peor, reviento. No paro, lo tengo ahí.

      Durante, ella sabía que lo iba a conseguir.

      40, subida desde Atocha, con una de esas curvicas que matan.

      41, ¡¡que acabe ya, que acabe ya¡¡. Veo el Retiro, no que queda nada.

      Subo por el carril, rodeado de gente. Lo tienes ahí, ya llegas...si, se lo dicen a todos, pero, yo me lo tomo como personal. Me animan a llegar.

      Entro en el Retiro. Al fondo, la meta....¡¡hay que ver que lejos se ve la meta en el último kilómetro¡¡¡. Hago lo que siempre he soñado, sonrío, sonrío, disfruto del momento. Entro en meta, si, lo he conseguido. La vidad es un "valle de lágrimas", pero hay momentos de felicidad que no se olvidan. Llegué a la meta.

      No la he visto, quería haberlo compartido con ella, y con ellos, pero no les dió tiempo. Recojo mi medalla.

      Encuentro a Ricardo, nos fundimos en un abrazo. Noto su emoción. Esta fue mi segunda medalla, el placer de haberlo disfrutado con un amigo. Llega Marcos, lo hemos conseguido los tres. Mas tarde lo hizo Jose Antonio, pero, de él, no había dudas.

      Pasan los días, y recuerdo cada paso, cada kilómetro, cuanta felicidad.

      Después, "Nacho" - me dice ella - "¡¡estoy muy orgulloso de tí¡¡". Gracias, te quiero.

      Sin vosotros, Inmaculada, Irene y Carmelo, no lo habría conseguido, no habría sido lo mismo.




lunes, 19 de marzo de 2012

"SER FELIZ CORRIENDO", de José Moratinos

(Reseña de  Óskar)
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      "En esta obra, escrita con un estilo dinámico y motivador, el autor, José Moratinos, desarrolla una concepción amplia y también multidisciplinar de lo que podemos llamar "teoría de la carrera a pie".


      Rompe moldes y abre nuestros caminos, aportando una visión científica, Ciencias del deporte, de modo que el correr se convierte en una vía en ese camino del hombre a la ¿utopía? y la felicidad, pero con apoyo sólido en las distintas ciencias del saber.

      Ser feliz corriendo se convierte en una obra imprescindible para todas aquellas personas que quieren y practican este deporte."

Y no os perdáis las ilustraciones, a cargo nada más y nada menos que de la gran Estefi Climent, campeona de España veterana de 100 km en ruta y amiga del autor.



Yo ya tengo mi ejemplar firmado, ¿a qué esperas para conseguir el tuyo? 

martes, 13 de marzo de 2012

“TE DARÉ LA TIERRA”, de Chufo llorens

(Reseña de  Nacho Villar)
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      La fama les precede, pero no necesariamente cumplen con ella. Todos hemos abierto un libro a recomendación de un amigo, o un conocido o incluso de un contacto. Su recomendación nos puede...y sin pararnos a pensarlo, lo compramos.Luego, cada libro se autoclasifica a si mismo. Y eso me ha pasado con “Te daré la tierra”. Leí críticas, me comentaron, me aconsejaron su lectura. Todo eran parabienes. Craso error.

      No hay nada peor que ponerse a la lectura de un libro cuando nuestra mente, por terceras personas, ya ha prejuzgado su calidad. De entrada, cuando cojo un libro de más de 600 páginas, me echo a temblar. Siempre pienso en el hecho de que si el libro no me gusta, cuando vaya por la página 200 todavía me quedaran al menos el doble de lo leído...y soy de los que no abandono un libro...aunque lo desee....¡¡¡leí Versos Satánicos de Salman Rushdie¡¡¡...que por cierto, era mucho mejor de lo que criticaban.

      Reconozco que Chufo Lloréns es un gran narrador. En ocasiones anteriores, sobre todo, en “La Saga de los Malditos”, disfruté de una historia y una narración con fundamento… rico rico. Pero en este caso, mi opinión es la contraria. Es cierto que el estilo de narración es ameno, pero los perfiles de los personajes claudican a convencionalismos del siglo XXI... cuando la historia está ambientada en la Barcelona del Siglo XI.

      El personaje principal, el nexo conductor de la obra, de tan honesto, bondadoso, trabajador e íntegro, acaba empalagando. Ciertamente no he hecho un estudio sociológico de la sociedad del siglo XI, pero el personaje de Martí Barbany aburre por su candidez, en una época oscura en la cual "cuando el seguir se ponía duro, solo los duros seguían".

      La trama del libro, diseñada en varias ramas paralelas, de improviso entra en un embudo de "totum revolutum", que concluye con un simulacro de juicio final en el cual, las tramas anexas a la principal fenecen, sin cerrarse. Historias que a medio libro son básicas para incardinar el argumento, languidecen y mueren sin explicación alguna. Personajes destacados hacen mutis por el foro, sin más, para centrarlo todo en una suerte de gran gala final de Gran Hermano.
Y el desenlace, de tan previsible, decepciona para la falta de contenido del escritor.

      Es cierto, ¡¡que bien escribe Chufo Lloréns¡¡, y a lo mejor, con eso vale, pero en mi caso, espero de una mínima credibilidad de la historia. Si, es una novela, pero eso no obsta para que autor, al menos, respete una línea básicas argumentales.

      Ahora, Tu Decides, yo, de momento, ya he abierto mi nuevo libro Siddarta de Hermann Hesse. Un clásico del siglo XX...dicen...al menos tiene tan solo 130 páginas.

miércoles, 15 de febrero de 2012

“¡VIVEN! LA TRAGEDIA DE LOS ANDES”, de Piers Pau Read

(Reseña de  Nacho Villar)
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      Tengo en mi memoria el recuerdo de la mesita de noche de mi hermano, en aquellos lejanos años 70, en los cuales, durante lo que a mi me parecieron meses, el libro de ¡Viven¡ permaneció noche tras noche en su borde. Seguramente es solo un recuerdo infantil deformado. Seguramente el libro estuvo ahí el tiempo justo para su lectura. Seguramente lo leyó rápido. Pero lo que sí es seguro es que aquella historia, que me contó en detalle...sobre todo detalle, el morbo del canibalismo era su parte preferida...se me quedó marcada en mi subsconciente.

      El próximo 13 de octubre se cumplirán 40 años del accidente en los Andes. Y curiosamente, pese a haberle escuchado a mi hermano decenas de veces la historia, e incluso, haber visto un par de veces la versión cinematográfica...nunca había leído el libro. Así que no lo dejé para mas tarde. Y ciertamente, no defrauda. No defrauda si eres consciente y conocedor de lo que vas a leer. Tremenda historia de superación, de lucha, de fe tanto religiosa como en la de luchar por su vida.

      Dice el autor en el prefacio, como opinión de los supervivientes, que el libro es demasiado estricto con el relato, que deja de lado el compañerismo y la fe que vivieron en aquellos terribles momentos...pero, partiendo de la base que el escritor no lo vivió, que tan solo transcribe las historias que le relataron, dan más valor al libro.

      No, no le darán un premio de prosa. Ni será un incunable. Pero es evidente la fuerza que transmite, te transporta a los restos de aquel avión y te hace compartir con los supervivientes su día a día. Te deja con ganas de saber más de su historia. Ello me llevó a buscar más información. Encontré su web www.viven.com.uy. Ya nada más acceder a dicha página, cerrando los ojos, con la múscia de fondo del Ave María, sientes el frío de la ventisca en tu cara, oyes los cantos del viento bajando de las cumbres, hueles la podedumbre y miseria que tuvieron que arrastrar para recuperar sus vidas.

      Como no podía ser de otra forma, ante tamaña lucha, quise dejar mi apoyo. Tras leer el libro, visité el libro de visitas. Y no deja de sorprender como cada día tienen una nueva entrada...y ya han pasado 40 años. Yo dejé la siguiente dedicatoria:


06/01/2012 12:20:51 p.m.


Recuerdo el libro en la mesilla de mi hermano en los 70, durante meses. Ahora, tras casi 40 años, lo estoy leyendo y tan solo quiero mandaros un gran abrazo. Gran lección de superación y amistad. Espero que la vida os haya devuelto todo lo que aquella experiencia os quitó.



Ignacio Villar
Cantabria


      Ahora es tu turno, lee el libro, sufre con ellos, ríe con ellos, lucha con ellos.



sábado, 11 de febrero de 2012

“DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE CORRER”, de Haruki Murakami (2)

(Reseña y extractos de Óskar Correbirras, de Murcia)
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      A pesar del éxito obtenido por este libro en los círculos del mundo del running, tras habérmelo leído en un par de noches (es bastante breve) puedo asegurar que la cosa no es para tanto. Haruki Murakami, un afamado novelista, nos hace un ensayo sobre su experiencia personal como corredor durante los últimos 25 años de su vida. Pero no nos dice nada que no sepamos, más bien aprovecha para hacer un bosquejo de su poco interesante autobiografía a lo largo de las 230 páginas del mismo.

      Además, la obra fue escrita a pedazos entre el año 2005 y el 2006, durante los huecos que le dejaban sus novelas, con lo cual no sigue una línea precisa ni concreta. Simplemente nos narra algunas decenas de anécdotas poco interesantes sobre su vida de corredor y de ciclista. Quizás solo conseguí centrarme en la lectura en el capítulo en que nos cuenta su única experiencia como ultrafondista en la carrera de cien kilómetros del lago Saroma, en Hokkaido (Japón).

      Aún así he extraído unas breves líneas que me han gustado bastante. Paso a copiároslas a continuación y así os ahorro la labor de leer el libro completo:



      “No existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura.”

(……)
      “Los músculos son como animales de carga dotados de buena memoria. Si los vas cargando gradualmente y con mucho cuidado, los músculos se van adaptando de manera natural para resisir esa carga. (……) Pero, si dejas pasar unos días seguidos sin hacerles trabajar, automáticamente piensan “¿Cómo? ¿Ya no tenemos que esforzarnos hasta ese punto? ¡Uf, qué bien!”, y van bajando el listón.”

(……)
      “Para mí, correr a diario es vital, de modo que no puedo aflojar o dejarlo sólo porque estoy ocupado. Si tuviera que dejar de correr solo porque estoy ocupado, sin duda no podría correr en mi vida. Y es que razones para seguir corriendo no hay más que unas pocas, pero, si es para dejarlo, hay para llenar un tráiler.”

(……)

      “Es mi cuerpo el que me insta espontáneamente a salir a correr. (……) Los tiempos no me preocupan. A estas alturas, estoy seguro de que, por mucho que me esfuerce, ya no conseguiré correr como antaño, cosa que aceptaré sin reparos. No me resulta agradable, pero es lo que tiene envejecer. Del mismo modo que yo desempeño mi papel, el tiempo desempeña el suyo. Y este lo hace con mucha mayor fidelidad y precisión que yo.”



miércoles, 21 de diciembre de 2011

“TÚ Y YO”, de José Antonio Llebrés.


      Eres humo. Te elevas lentamente danzando al son de la corriente suave de aire que entra por las rendijas en la fría noche. Tu corta existencia ensombrece la intensidad de tu calor pero renaces nuevamente y te alzas orgulloso pero no desafiante. El ciclo vital de tu vida se va apagando pausadamente. Porque sin calor no existes. Tienes la imperiosa necesidad de aparecer y desaparecer al mismo tiempo. Nacer y morir a la vez. ¿Puede haber algo más hermoso? No te inquietas ante nada y nada te afecta salvo, quizás, el caprichoso viento pero aún así lo esquivas y bailas junto a él en un cortejo sublime y grácil pero vácuo. Me hipnotizas y me llevas a la ensoñación viéndote crecer vivo y poderoso a la luz del Sol o de la Luna. A la luz, alguna.

      Sin luz nadie te ve, nadie te observa pero tú no dejas de elevarte y bailar y bailar, y nacer y morir. Y existir…

      Quiero ser como tú, humo. Me convierto en humo. Y floto en el aire dejándome arrastrar por los vientos, a su merced, y me deshago en mil hilos de mi propio ser e impregno todo a mi paso para morir y volver a nacer y seguir el camino que he seguido antes y volver a recrearme en ese placer, placer puro.

      Pero sin luz nadie me ve. Tú no me ves y yo no te veo. Necesito verte. La soledad de mi cíclica existencia es infinita sin luz. No emito sonidos y tú tampoco. No sé dónde estás. Quiero alcanzarte pero no puedo. Me siento débil porque mi fuego es débil, mi vida se apaga pero quiero verte una vez más. Dejar esta existencia con una última visión de tu existencia, mi amado humo.

      Hay luz. Tú eres humo y yo soy humo. Nosotros somos humo. Y ascendemos poderosamente y nos entrelazamos y acariciamos sin importar el viento y morimos y volvemos a la vida… juntos, unidos. Confeccionamos complejas figuras con permiso de la brisa y, en lo más alto, nos difuminamos como lágrimas en la lluvia pero sin tristeza y renacemos nuevamente unidos por siempre, nunca nos separaremos porque somos humo.

      La maravillosa monotonía de nuestro destino, nacer y morir para volver a nacer y volver a morir, no nos inquieta y nuestras almas son una en constante evolución y, esta vez, luchamos ferozmente con la brisa que silba entre las rendijas porque nada podrá separarnos. Te siento muy cerca y nuestra existencia va de la mano. Nuestro destino es el mismo porque somos humo.

“LOS ASESINOS DEL EMPERADOR”, de Ricardo Posteguillo

(Reseña de  Nacho Villar)
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      Abrir la primera página de un libro que supera las mil, siempre infunde respeto, casi miedo. Como en todo libro, pese a las reseñas, críticas y consejos de otros lectores, la experiencia es personal, y como en todo, para gustos los colores.

      Salvo en obras consagradas como Los Pilares de la Tierra de Follet o El Médico de Gordon, que llegando al epílogo te quedas con ganas de más, muchas otras obras de "tamaño tamaño" se convierten en una tortura para el lector de infinitud de palabras que no dicen nada, tan solo rellenan páginas. No es el caso de Posteguillo. Su trilogía sobre Escipión el Africano es un ejercicio de retrospección a la altura de la pentalogía de Collen McCollough (Historia de Roma) sobre la figura de Julio César y su época.

      Tras su éxito vertiginoso con más de 500 mil libros vendidos, entiendo que habrá sentido el vértigo que debe dar no defraudar en su siguiente obra a sus lectores. Y personalmente, creo que no lo ha hecho...defraudar, digo. Nuevamente nos retrotrae a la antigüedad clásica, en este caso, a los convulsos años desde el asesinato del emperador Nerón hasta la ascensión de Trajano, nuestro compatriota Trajano, el más grande emperador romano, al menos, el que más territorio gobernó. Con esa cualidad de no cansar con escenarios quietos, con escenas eternas o personajes pseudofilosóficos, nos hace oler la sangre del Coliseum, oír el retumbar de las espadas en las batallas, sentir el miedo de los delatados, vivir la Roma Victoriosa.

      Evidentemente, este será el primero de varios libros sobre la figura de Trajano, dado que terminada la página 1108, nuestro compatriota acaba de llegar a Roma, recién nombrado emperador.

      Tan solo un “pero”, pero que el autor debería tener muy en cuenta, que no es otro que la reiteración del esquema de sus libros. Salvando los tiempos en los que se desarrollan las historias de Escipión y de Trajano, el "companaje" de todos los libros son iguales, idénticos, y esto puede desembocar en la monotonía, cosa que otros autores de más renombre, ya han sufrido, como el mismo Noah Gordon o un especialista en la historia clásica como Manfredi.

      En todo caso, muy recomendable para su lectura y un regalo con el que seguro que los Reyes Magos saben que quedarán bien.